viernes, 10 de abril de 2020

Noviembre 24 de 2019



Nos despedimos en un colectivo abarrotado de gente.

No recuerdo la fecha, pero de saber que seria la última vez que nos veríamos la hubiera agendado... No sé si como fecha de la suerte o como un duelo.  


Nos sacamos una foto en la parada y otra arriba del colectivo. Sonreímos como si fuéramos felices, pero ambos estábamos con el corazón roto a causa del otro. ¡Qué ironía! queriendonos tanto nos dejamos ir por algo momentáneo.



Vos te ibas lejos, muy lejos y el regreso era incierto. Tres, seis meses. Años. Nunca. Yo me quedaba, pero tenía claro que no te iba a esperar, no está vez. 



Quién se iba sin haberlo intentado no merecía la espera, me decía. 



Volviste en un noviembre atareado, lleno de incertidumbres, y por un momento decidí llamar tu atención... luego me arrepentí. Intentaste acercarte, creo yo, pero usaste los viejos métodos que ya no te funcionaban en mi.



Siempre supe que lo nuestro era para ser contado como anécdota a nuestros hijos (o sobrinos), pero no par ser contado juntos. Vos eras irracional, impulsivo, tal vez un poco soñador y bastante creído. Yo era la racional, la planeadora, realista e introvertida. Eso de que los opuestos se atraen tiene un poco de verdad... Pero a la larga pierden el magnetismo. 



Con vos la pase genial. Si, no lo voy a negar. Pero llore un montón y me sentí poco importante más de una vez. Fuiste necesario para aprender mucho. 



No te quiero ver, tengo miedo de volver a sentirme "poquita cosa". Aunque ya cargue mi equipaje con fortaleza este último tiempo. No quiero verte porque no quiero perder mi tiempo con alguien que solo necesita ocupar su tiempo libre mientras espera "algo mejor".

Así que te agradezco.  Por hacerme saber que es lo que no quiero nunca más.